Messi

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Bautizada como la MSN, la delantera del FcBarcelona se ha convertido en el tridente más efectivo y mediático de la temporada. Se encuentra en un momento glorioso, que tras el regreso de Leo Messi sigue siendo tan participativa y vigorosa por las tres partes.

De hecho, eran muchas las mentes que visualizaban al trío culé como finalistas del Balón de Oro. Pero Luis Suárez cayó del podio tras arrebatarle la posición Cristiano Ronaldo. Las cifras de pichichi de la Liga, convertirse en el máximo goleador del Real Madrid, y los rasgos que le definen como jugador, han tenido más peso que la primera temporada que realizó el uruguayo, que aún empezando más tarde por la sanción que le impuso la FIFA en el Mundial de Brasil, generó un papel esencial para la consecución del segundo triplete de la historia del Barcelona.

TRIO-MSNLas virtudes de estos tres jugadores son más que evidentes. Messi parece de otro planeta, escribiendo la historia de un fútbol que tantas veces nos ha dejado con la boca abierta. Es, en mi opinión y con clara evidencia, el mejor jugador del mundo. Con una naturaleza futbolística que le diferencia del resto. Con cualidades que le hacen ser tan completo como su regate, su movilidad, su definición o su impactante rapidez con el balón, entre otras.

Neymar destaca por su magia brasileña, por ese toque de calidad con el que coloca la guinda del pastel, creando sus hazañas con el esférico integrando ese valor de belleza, o por su resolución en los espacios reducidos.

Y Suárez es un claro ejemplo de actitud luchadora, de esfuerzo y continúa concentración. Con olfato goleador, generosidad para ceder tantos y movilidad que genera espacios.

Pero aún siendo tan alto el nivel y lo que aporta cada uno, es tan sólo la base del éxito que genera esta delantera. Hay una clave, que hace que todos sus atributos sean todavía más efectivos: la relación entre ellos.

Hay quienes no apostaban que la llegada de Neymar Jr y Luis Suárez diera paso a esta relación de respeto, admiración y, por conclusión, de gran trabajo conjunto.

203280Tres estrellas consolidadas, cada una a su nivel y en su territorio. Neymar, no sólo era la estrella del Santos F.C., sino un jugador reconocido e idolatrado en Brasil, con esa particular adoración que representa la afición brasileña. Un chico con un carácter muy distinto al de Leo, que aunque bajara su cresta al aterrizar a Barcelona, vestía un look vinculado a su atrevida personalidad. Con esos toques de niñez a pesar de ser padre. Esa sonrisa traviesa, esa creencia religiosa, ese carisma y esa imagen que circula en las redes sociales cantando o bailando.

Menos extrovertido llegaba un Luis Suárez arrastrando la sanción que le impuso la FIFA tras morder a Chiellini en el Mundial. Una acción que reiteró, habiendo mordido anteriormente a Bakkal e Ivanovic. Una imagen negativa que circulaba de modo global y que se asemejaba poco con los valores del club. Un jugador que empezó a clasificarse como agresivo por su impulso y respuesta emocional en situaciones a las que se encuentra a muchas revoluciones. El astro del Liverpool, que a pesar de sus vivencias negativas por las sanciones, fue el mejor jugador de la Premier League, que sedució a Anfield y que les hizo tocar una liga con la punta de los dedos 24 años después, que finalmente no pudo ser.

Entonces, ¿Cómo tres figuras tan grandes y dispares a la vez podrían asociarse tan positivamente? ¿Cómo encajarían Neymar y Suárez en un vestuario dónde el liderazgo de Messi en el campo es tan fundamental? Es conocido que cuando grandes talentos se fusionan pueden chocar fácilmente por esa competitividad. No es fácil que un jugador de tal calibre pueda acatar la superioridad de otro, o que sea capaz de verse al mismo nivel aceptando el rol que corresponde a cada uno. Y no sólo en lo que la adaptación al campo se refiere, sino también y más importante, fuera de él.

leo-messi-es-dificil-que-haya-un-tridente-mejor-que-la-msnPero los tres mosqueteros lo han conseguido. Y no es por otra razón más importante que la que descifró Piqué y que está expuesta a nuestros ojos en cada partido. No tienen ego. Y aunque sí deben tenerlo como instancia psíquica del reconocimiento a la propia identidad, no es usado como exceso de uno mismo. No tratan de pasar uno por encima del otro sino que se acompañan entre ellos. La amistad que crece fuera de los terrenos de juego se refleja en el área rival. Con resultados, con goles, con asistencias, con ese entendimiento por encontrar al otro en el lugar adecuado. Con esos gestos que dicen tanto de todo esto. Con ese penalti que Leo cedió a Neymar en plena lucha por el pichichi, agradeciendo el gol que le había regalado el brasileño. Así como recientemente sucedió ante la Roma, o como lo hizo Neymar con Suárez ante el Villarreal. Con esas señas de un código que ellos tres interpretan, y que está regalando a la afición un fútbol que causa efecto y seduce.

Éstas son las historias de vestuario que deleitan a los verdaderos amantes de este deporte. Porque tras los millones, los escándalos de instituciones, las demandas de hacienda, las diferencias de presupuestos y salarios, entre otros, al menos debe seguir respirando la esencia y el sentido del fútbol. Que tres magos del balón sepan conducir el esférico, crear el espacio de continuidad, salir de la línea del fuera de juego, recibir, crear el regate y colarla entre los tres palos. Y que sepan hacerlo de esta manera tan brillante, la de hacerlo conjuntamente, la que refleja la sociedad de tres protagonistas que juegan con un mismo papel, la que muestra el juego asociativo y la realidad de que el fútbol es un deporte colectivo, donde a parte de saber jugar hay que saber hacer equipo.

El pasado domingo, el mundo del fútbol nos volvió a regalar unas imágenes para recordar. Sucedió en el encuentro que disputaron A.S. Roma y Cagliari, de la serie A. El protagonista de éstas fue Alessandro Florenzi, centrocampista de 23 años de la Roma, quien tras anotar el segundo tanto para su equipo hizo un recorrido de celebración inusual.

Su abuela Aurora, de 82 años, no había ido nunca a verle jugar y se comprometió a asistir al partido si él la saludaba. Lo que no esperaba era que su nieto fuera a su encuentro tras anotar un gol.

Alessandro marcó, corrió y subió la grada hasta fundirse en un abrazo con Aurora, quien posteriormente lloraba de emoción por ese especial homenaje, que también vivió con enternecimiento la audiencia ante tal reproducción de amor incondicional.

Lo curioso, aunque ya no es sorprendente ante la normativa deportiva de fútbol, fue la amonestación de tarjeta amarilla que recibió el jugador por abandonar el terreno de juego para festejar su gol.

No es la primera vez que en el fútbol vemos acciones emotivas por parte de jugadores, que se ven castigadas con sanciones deportivas y económicas.

Spain's Iniesta celebrates his goal during the 2010 World Cup final soccer match against Netherlands at Soccer City stadium in Johannesburg

Podemos recordar casos como el famoso gol de Andrés Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica 2010, momento en el cual quiso recordar a su amigo con una camiseta en la que podía leerse: “Dani Jarque siempre con nosotros”. O el de José María Callejón, que mostró una camiseta con el rostro del fallecido capitán. En ambos casos se amonestó con tarjeta amarilla, y en el caso del exespañolista fue también multado con una cantidad que ascendía entre los 2.000 y los 3.000 euros. Diego Castro también sufrió este tipo de penalidad por recordar al entrañable Manuel Preciado.

El Real Jaén CF tuvo que presentar un recurso para que se revocara la sanción de Jonathan Mejía, de 2.000 euros y amonestación por mostrar una camiseta que incluía un texto de ánimo y apoyo para los niños enfermos de cáncer, coincidiendo con el Día Mundial contra el cáncer infantil.

Por mostrar mensajes relacionados con sus familias fueron amonestados y multados Leo Messi y David Villa. En el caso del argentino, la camiseta iba dirigida a su madre para felicitarla por su cumpleaños. Y en el del asturiano, para su mujer y sus hijas, como agradecimiento al apoyo en su recuperación tras lesionarse y estar en el dique seco durante 8 meses.

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Asimismo, ha ocurrido con el respaldo a un pueblo que ha derramado tantas lágrimas. Víctima de ello fue Frédéric Kanouté, al que amonestaron y multaron con 3.000 euros por mostrar una camiseta en defensa a Palestina.

E incluso por querer respaldar a compañeros, cuando Javi Guerrero y Borja Navarro vivieron la situación de ser sancionados, por pretender dar ánimos a un compañero que se quedó sin equipo y a otro que acababa de perder a su padre, respectivamente.

De todos los sucesos, algunos fueron perdonados por el Comité de Apelación, que acoge los recursos de los clubes, posteriormente a que éstos reciban previamente la notificación de la punición impuesta por el Comité de Competición. Pero aunque sean eximidos, ya es terrible que sea noticia dicho castigo a los ojos de un jugador, un club y una afición que sigue el fútbol y que se siente satisfecha cuando acontecen estos bonitos gestos.

Por lo que respecta a la LFP, este año ha decidido modificar las sanciones económicas a jugadores, valorándolas según su sueldo y anulando así cantidades estándares.

La FIFA también reformó su normativa y ha sido aplicada desde este pasado mes de junio, prohibiendo totalmente mostrar camisetas con mensajes o imágenes debajo de sus oficiales, quedando atrás la prohibición que se aplicaba anteriormente, en la que sólo se vetaban descripciones relacionadas con política, religión y propaganda.

Es lamentable que las reglas sigan reflejando este tipo de castigos ante acciones emotivas que son muestras de valores sociales y apoyos a causas.

Un jugador es amonestado ante este tipo de hechos, y en muchas ocasiones los árbitros perdonan tarjetas por cometer faltas. No será la primera vez que un colegiado inicia un partido con facilidad de mostrar cartulinas, y que al paso del tiempo de juego se vuelve más permisivo, llegando a tolerar una segunda tarjeta que cause expulsión.

Es absurda la comparativa de que una misma amonestación represente una demostración humana y una acción indebida en el terreno de juego, ya sea con o sin intención, pero que forma parte del reglamento básico del juego. Desde luego, no puede tener el mismo precio.

Es evidente la complejidad de establecer un código para el reglamento, pero si los Comités estudiaran la manera, podrían encontrarse cláusulas o matices que evitaran sentenciar una sanción ante los guiños de jugadores que desean transmitir y difundir palabras, mensajes y acciones de corazón.

Ante el impulso de Florenzi vivido recientemente, sólo cabe darle las gracias por dejarnos esa secuencia para la historia del fútbol. Al fin y al cabo, éstas son las cosas que en realidad deben alimentar el deporte. Porque detrás de cada jugador existe un ser humano, y detrás de cada espectador todos podemos ver en Aurora aquella abuela que tanto hemos amado.