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Este fin de semana se celebró en Hawai el campeonato del mundo de Ironman. Ante tal nomenclatura de cómic parece que hablemos de una prueba de superhéroes. Pero en realidad, esa es la manera idónea de denominar a esos deportistas que tienen la valentía de participar en una competición de tal necesidad de energía y resistencia, y que crea el asombro de muchos.

biciPara los que no la conocéis, Ironman es una prueba de triatlón en la que sus participantes deben recorrer 3.800m nadando, 180km en bici y 42km corriendo. ¡Casi nada! Vamos, que hay que tener algo más que ganas para finalizar una carrera de este calibre. Para llegar a esta mítica prueba, se realizan diversas carreras clasificatorias en distintos lugares del mundo.

Unos días antes, tuve la oportunidad de vivir la fascinante experiencia de asistir a la primera edición del Ironman Barcelona, respirando así esta prueba desde el otro lado. El lado de la admiración, el respeto y la fascinación por unos atletas que han trabajado duro para enfrentarse a este desafío. La cita, en Calella (Barcelona), albergó nada más y nada menos que 2.600 inscripciones.

Conozco un tipo, Santiago Roldán, que me condujo a acudir a tal cita. De Santi, que así es como le llamamos, sé que un día empezó a correr más, a pedalear más, y a nadar más…  Y  cada vez más. Y así, hasta llevarle a una serie de objetivos en modo ascendente, cada vez más exigentes y lograr, a parte de la participación en numerosas pruebas deportivas, un pódium en el triatlón de Malgrat, dos pódiums en la cursa de Argentona y la Quebrantahuesos en oro.

En Febrero de este mismo año sufrió una lesión del peroneo lateral del pie derecho, que le dejó un mes y medio sin correr a raíz del esfuerzo de la “Mitja Marató de Granollers”, donde registró su mejor marca personal con un tiempo de 1h22m y una media de 3,54min/km.

Tras recuperarse de su lesión, inició de nuevo con recientes propósitos, y fue en Julio cuando nos anunció que había decidido medirse al Ironman Barcelona, su reto más serio. La verdad es que tras su trayectoria de éxitos y superación, no cabía duda sobre si conseguiría finalizarlo. Pero seamos sensatos, la dureza de la prueba y su prestigio crea un importante respeto.

No sé con total certeza y precisión el tiempo exacto de preparación para tal examen, pero me consta que algunos atletas se ejercitan durante un año o dos para enfrentarse a ello por primera vez. Santi destinó solamente tres meses de entreno específico. Por suerte, llevaba a su espalda una temporada que sumaba 4000km de bici, 3000km corriendo y 225km de natación.

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Poder ser “finisher” de un Ironman es la consecuencia de una preparación física, y ante todo, mental. El cerebro juega un papel imprescindible y fundamental, que transforma a cuerpo y mente en un entendimiento, para que el razonamiento sea tan invencible como para convencer al físico de la consecución de tal exigencia de resistencia. Y para ello, Santi se aferró a su mente positiva, a su creencia en sí mismo, al espíritu de lucha y a un montón de horas de dedicación y entreno día tras día.

Tras llegar a Calella viviendo un diluvio, y embarcarse a las 8:40h en un viaje que roza la locura, empezó a marcar unos tiempos de asombro para ser su primer Ironman.

Creo que el punto más duro de esta prueba de larga distancia es el momento en que tienes en el saco la natación y el ciclismo. ¡Ese instante en el que dejas la bici y eres consciente de que te falta una maratón! En el inicio de ésta, la fatiga y el dolor aprietan, y empieza un largo trabajo mental de auto convencimiento para seguir visualizando la meta. Supongo que por eso, es dónde más sufrió Santi, que en el km5 empezó a notar molestias en el pie. En el 10 el dolor aumentó, y en el 15 decidió quitarse las plantillas creyendo que estaban mal colocadas. Pero el dolor persistió, y por suerte apareció un compañero del equipo de corredores y triatletas al que pertenece, y le alcanzó un milagroso ibuprofeno.

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La medicación, la nutrición, el apoyo de la gente que gritábamos su nombre cada vez que le veíamos pasar, y su meritoria capacidad de visualizar su logro, le hizo llegar a meta tras 10:09:35, ¡a poquísimos minutos de romper la barrera de las 10 horas! Allí, donde la organización creó una entrada triunfal entre dos posiciones de gradería, con un speaker que mencionaba los nombres de los atletas que cruzaban la línea de meta, y una pantalla para contemplar el momento que resume tanto sudor, trabajo y empeño. Allí donde le esperaba su gente, su familia, sus amigos y su mujer, que estaba en primera línea regalándole esa mirada de orgullo y complicidad, para acompañarle en esos últimos pasos de un camino especial para ambos.

medallaCuando oímos el nombre de Santiago Roldán fue inevitable derramar lágrimas de alegría, euforia y satisfacción. Todos sabíamos que lo merecía y lo había conseguido. Tiene su medalla, ese trofeo que dice tantas cosas y que se resume en una lección: ¡que somos capaces de conseguir lo que nos propongamos! En todos los ámbitos, podemos alcanzar esa finalidad y ambición, si en ello entregamos todo nuestro sacrificio y le añadimos corazón.

Llegado a este punto, no sé cuál será su próxima hazaña en esta línea infinita de superación, pero seguro que Santi seguirá corriendo, nadando y pedaleando kilómetros con esa sonrisa que identifica la pasión que siente por el deporte y por vivir. Porque cuando uno hace lo que ama, ¡vive! Y la vida, para todos, no debería ser otra cosa que ser feliz.

¡Hasta la próxima, hombre de hierro!

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