A.S. Roma

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El pasado domingo, el mundo del fútbol nos volvió a regalar unas imágenes para recordar. Sucedió en el encuentro que disputaron A.S. Roma y Cagliari, de la serie A. El protagonista de éstas fue Alessandro Florenzi, centrocampista de 23 años de la Roma, quien tras anotar el segundo tanto para su equipo hizo un recorrido de celebración inusual.

Su abuela Aurora, de 82 años, no había ido nunca a verle jugar y se comprometió a asistir al partido si él la saludaba. Lo que no esperaba era que su nieto fuera a su encuentro tras anotar un gol.

Alessandro marcó, corrió y subió la grada hasta fundirse en un abrazo con Aurora, quien posteriormente lloraba de emoción por ese especial homenaje, que también vivió con enternecimiento la audiencia ante tal reproducción de amor incondicional.

Lo curioso, aunque ya no es sorprendente ante la normativa deportiva de fútbol, fue la amonestación de tarjeta amarilla que recibió el jugador por abandonar el terreno de juego para festejar su gol.

No es la primera vez que en el fútbol vemos acciones emotivas por parte de jugadores, que se ven castigadas con sanciones deportivas y económicas.

Spain's Iniesta celebrates his goal during the 2010 World Cup final soccer match against Netherlands at Soccer City stadium in Johannesburg

Podemos recordar casos como el famoso gol de Andrés Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica 2010, momento en el cual quiso recordar a su amigo con una camiseta en la que podía leerse: “Dani Jarque siempre con nosotros”. O el de José María Callejón, que mostró una camiseta con el rostro del fallecido capitán. En ambos casos se amonestó con tarjeta amarilla, y en el caso del exespañolista fue también multado con una cantidad que ascendía entre los 2.000 y los 3.000 euros. Diego Castro también sufrió este tipo de penalidad por recordar al entrañable Manuel Preciado.

El Real Jaén CF tuvo que presentar un recurso para que se revocara la sanción de Jonathan Mejía, de 2.000 euros y amonestación por mostrar una camiseta que incluía un texto de ánimo y apoyo para los niños enfermos de cáncer, coincidiendo con el Día Mundial contra el cáncer infantil.

Por mostrar mensajes relacionados con sus familias fueron amonestados y multados Leo Messi y David Villa. En el caso del argentino, la camiseta iba dirigida a su madre para felicitarla por su cumpleaños. Y en el del asturiano, para su mujer y sus hijas, como agradecimiento al apoyo en su recuperación tras lesionarse y estar en el dique seco durante 8 meses.

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Asimismo, ha ocurrido con el respaldo a un pueblo que ha derramado tantas lágrimas. Víctima de ello fue Frédéric Kanouté, al que amonestaron y multaron con 3.000 euros por mostrar una camiseta en defensa a Palestina.

E incluso por querer respaldar a compañeros, cuando Javi Guerrero y Borja Navarro vivieron la situación de ser sancionados, por pretender dar ánimos a un compañero que se quedó sin equipo y a otro que acababa de perder a su padre, respectivamente.

De todos los sucesos, algunos fueron perdonados por el Comité de Apelación, que acoge los recursos de los clubes, posteriormente a que éstos reciban previamente la notificación de la punición impuesta por el Comité de Competición. Pero aunque sean eximidos, ya es terrible que sea noticia dicho castigo a los ojos de un jugador, un club y una afición que sigue el fútbol y que se siente satisfecha cuando acontecen estos bonitos gestos.

Por lo que respecta a la LFP, este año ha decidido modificar las sanciones económicas a jugadores, valorándolas según su sueldo y anulando así cantidades estándares.

La FIFA también reformó su normativa y ha sido aplicada desde este pasado mes de junio, prohibiendo totalmente mostrar camisetas con mensajes o imágenes debajo de sus oficiales, quedando atrás la prohibición que se aplicaba anteriormente, en la que sólo se vetaban descripciones relacionadas con política, religión y propaganda.

Es lamentable que las reglas sigan reflejando este tipo de castigos ante acciones emotivas que son muestras de valores sociales y apoyos a causas.

Un jugador es amonestado ante este tipo de hechos, y en muchas ocasiones los árbitros perdonan tarjetas por cometer faltas. No será la primera vez que un colegiado inicia un partido con facilidad de mostrar cartulinas, y que al paso del tiempo de juego se vuelve más permisivo, llegando a tolerar una segunda tarjeta que cause expulsión.

Es absurda la comparativa de que una misma amonestación represente una demostración humana y una acción indebida en el terreno de juego, ya sea con o sin intención, pero que forma parte del reglamento básico del juego. Desde luego, no puede tener el mismo precio.

Es evidente la complejidad de establecer un código para el reglamento, pero si los Comités estudiaran la manera, podrían encontrarse cláusulas o matices que evitaran sentenciar una sanción ante los guiños de jugadores que desean transmitir y difundir palabras, mensajes y acciones de corazón.

Ante el impulso de Florenzi vivido recientemente, sólo cabe darle las gracias por dejarnos esa secuencia para la historia del fútbol. Al fin y al cabo, éstas son las cosas que en realidad deben alimentar el deporte. Porque detrás de cada jugador existe un ser humano, y detrás de cada espectador todos podemos ver en Aurora aquella abuela que tanto hemos amado.